Hace 1 semana
domingo, 20 de mayo de 2012
Volviendo
Luego de varios meses de ostracismo vuelvo al blog. Ya no anunciaré con bombos y platillos el regreso porque no se cuanto durará. Un viaje, una motivación, pensamientos varios y quizá un toque de melancolía o mantener la cabeza ocupada en otra cosa impulsan la vuelta. Cuestiones personales a tratar muchísimas, es un momento bastante particular en mi vida pero no son materia de este blog. Quizá algún día lo sean...
Por lo pronto comentaré algunas cuestiones que me dejaron mi último viaje a las tierras ecuatorianas del polémico Rafael Correa. Como muchos, lo único que conocía de Ecuador era por lecturas y por diarios. Seguramente no hubiese sido un itinerario de viaje si no hubiese sido por la realidad laboral que me llevo a concurrir a capacitarme en un Taller de Planificación Estratégica (guauuuu, que lindo nombre) al cual me enviaron mis jefes. Luego de 15 días de ardua capacitación sin dudas que me declaro un excelente planificador estratégica, con técnicas y bagaje académico. Sin embargo, no quiero detenerme en este punto sino en Quito. La hermosa ciudad de Quito, situada a 2850 metros sobre el nivel del mar sin dudas que me sorprendió. Vistas de novela, calles sacadas de cuentos y un vértigo vespertino que a uno lo hacen sentir dentro de esos viajes que solo ve por tele. La comida también es una linda particularidad de Quito. Si yo hablo de Japingachos, de locro de queso, de canelazo seguro más de uno saldría corriendo. Lo hubiese hecho yo mismo si hubiese tenido la opción pero no pude y me quede a probar, muy rico. Realmente estoy escribiendo a tontas y a locas sin un sentido pero la idea era retomar. Podría hablar de Ecuador, hacer un artículo político con comparaciones (algunas realmente odiosas, otras no tanto), también me impresionaron algunas técnicas de aprendizaje que merecerían un artículo aparte por no hablar de la gente de Quito. Seguramente sean materia de algún artículo, por ahora la vuelta y nada más.
lunes, 30 de enero de 2012
De ladrones y ostentadores
Estos días estoy llegando más tarde al trabajo, lo que me permite escuchar el comienzo del “Perros de la Calle”, el programa de radio de Andy Kutnetzoff (o algo así), que en estas fechas vacacionales es sin Andy.
En un determinado momento la gallega cuenta que presenció un robo en Palermo al salir de un comercio. Unos motochorros (wachiturros en moto) le arrebataron un importante reloj de la muñeca a una mujer, la que luego del hecho, se lamentaba “sabía que no me tenía que poner este reloj para venir a Palermo”. Más allá de la tristeza de la frase, más triste quizá me pareció el debate que se armo en la mesa radial. La gallega dijo que la mujer era una tarada por andar con un reloj de esa categoría si sabía que se lo iban a robar. Harry dijo que uno tiene que acomodarse a la realidad que nos toca vivir y que es más fácil cambiar actos propios que cambiar la realidad. La Cayetina dijo que había que usar esos caros accesorios para eventos especiales y todos los comentarios giraban en ese sentido. Sólo un pensamiento recorrió mi cabeza al escuchar esto… GANARON!!!. Ya nadie se escandaliza por el robo, ya nos parece normal que a uno lo ultrajen de esa manera, ya superamos el “me robaron pero por lo menos estoy vivo”. Ahora hay que ir por la calle vestido y con las cosas que no nos importaría demasiado que nos roben. Ponernos las cosas que nos gustan, que disfrutamos ponernos, que nos alegran (sean frivolidades o no) es para otro tipo de países. Pagamos nuestros impuestos y tratamos de ser buenos ciudadanos para ir a comprar a Palermo (no La Salada ehh), y no nos queda otra que ir en calzoncillos, ojotas, remerita andrajosa y sin ningún tipo de accesorio porque sino estamos ostentando y “que queres, que no te roben”, “vos los tentas”. Es como la mujer violada que se ponía una minifalda y algunos justifican la violación con la provocación.
Una pena que hayamos perdido la batalla. Cuando llega a los comunicadores “cool” este pensamiento, tan insólitamente común hoy en día, es poco lo que se puede hacer. Ya está, deberemos acostumbrarnos a andar con lo puesto, llevar las cosas que no nos gustaría que nos roben, o quizá empezar a llevar ropa que a los ladrones les quede bien. Ya no tenemos una sociedad que condena los robos, tenemos una sociedad que condena la ostentación y justifica los robos por esa “ostentación”. Lástima, PERDIMOS.
En un determinado momento la gallega cuenta que presenció un robo en Palermo al salir de un comercio. Unos motochorros (wachiturros en moto) le arrebataron un importante reloj de la muñeca a una mujer, la que luego del hecho, se lamentaba “sabía que no me tenía que poner este reloj para venir a Palermo”. Más allá de la tristeza de la frase, más triste quizá me pareció el debate que se armo en la mesa radial. La gallega dijo que la mujer era una tarada por andar con un reloj de esa categoría si sabía que se lo iban a robar. Harry dijo que uno tiene que acomodarse a la realidad que nos toca vivir y que es más fácil cambiar actos propios que cambiar la realidad. La Cayetina dijo que había que usar esos caros accesorios para eventos especiales y todos los comentarios giraban en ese sentido. Sólo un pensamiento recorrió mi cabeza al escuchar esto… GANARON!!!. Ya nadie se escandaliza por el robo, ya nos parece normal que a uno lo ultrajen de esa manera, ya superamos el “me robaron pero por lo menos estoy vivo”. Ahora hay que ir por la calle vestido y con las cosas que no nos importaría demasiado que nos roben. Ponernos las cosas que nos gustan, que disfrutamos ponernos, que nos alegran (sean frivolidades o no) es para otro tipo de países. Pagamos nuestros impuestos y tratamos de ser buenos ciudadanos para ir a comprar a Palermo (no La Salada ehh), y no nos queda otra que ir en calzoncillos, ojotas, remerita andrajosa y sin ningún tipo de accesorio porque sino estamos ostentando y “que queres, que no te roben”, “vos los tentas”. Es como la mujer violada que se ponía una minifalda y algunos justifican la violación con la provocación.
Una pena que hayamos perdido la batalla. Cuando llega a los comunicadores “cool” este pensamiento, tan insólitamente común hoy en día, es poco lo que se puede hacer. Ya está, deberemos acostumbrarnos a andar con lo puesto, llevar las cosas que no nos gustaría que nos roben, o quizá empezar a llevar ropa que a los ladrones les quede bien. Ya no tenemos una sociedad que condena los robos, tenemos una sociedad que condena la ostentación y justifica los robos por esa “ostentación”. Lástima, PERDIMOS.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Democracia a la Locke
A raíz del discurso de Carrió, luego de su estrepitosa derrota y casi “desaparición” política, y sobretodo por los comentarios de algunos periodistas y/o ignotos comentaristas, me surgieron determinadas reflexiones. Si bien el personaje no es de mi agrado, debo reconocerle, a lo largo del tiempo, cierta coherencia manifestada en su discurso. Su discurso llamando a ser la “resistencia” al kirchnerismo coincide con lo que viene pregonando hace bastante tiempo sobre el régimen K. No sería lógico que Carrió, que despotrico a diestra y siniestra contra el gobierno, ahora se pliegue a el. ¿Porque pretendemos que un derrotado se pliegue a la mayoría, aún cuando esa mayoría no lo representa?; ¿Porque pretendemos que el derrotado baje sus banderas, buenas o malas, simplemente porque una mayoría se ha expedido en su contra?. Es como si buscásemos la uniformidad o la homogeneidad. Si yo creo que este gobierno hace todo mal, lo digo y lo grito, me presento a elecciones y saco el 0,7%, ¿implica que tengo que callarme y convencerme que el equivocado soy yo?. Es un pensamiento raro y peligroso el manifestado por algunos sectores de la sociedad criticando el discurso de Carrió.
Sería bueno y saludable que tengamos una visión de las elecciones democráticas siguiendo a Locke y alejándonos de Rousseau. Para Locke, el “partido” que gana solo encarna un “momento” reversible del humor popular compuesto de millones de decisiones individuales. Sin embargo, y en contraste, para Rousseau, los individuos, al votar, tratan de interpretar lo que quiere la “voluntad general” y, si quedan ligados a la derrota es que se han equivocado y deben arrepentirse de inmediato, para que a través de su arrepentimiento se restablezca la unanimidad. De esta manera, si el voto según Locke es la manifestación de una mayoría circunstancial y reversible, el voto según Rousseau equivale a un plebiscito donde se pronuncia el pueblo como tal.
Reitero, al margen de simpatías personales, que no las tengo con Carrió, es como si le pidiésemos a la izquierda que hable bien del capitalismo solo, y simplemente, porque fue ampliamente derrotada en las elecciones. Todo lo contrario, hace a la democracia que sostengan sus banderas o su “supuesta” resistencia y será la gente la que el día de mañana les vuelva a otorgar una baja producción electoral o contrariamente, escuche esa voz y se vuelque hacia allí. De escuchar múltiples voces se trata y no de que las grandes mayorías se arroguen las verdades relativas y las transformen en absolutas porque, según Locke, la mayoría no es inamovible sino que es un momento “circunstancial” pasible de ser modificado.
Sería bueno y saludable que tengamos una visión de las elecciones democráticas siguiendo a Locke y alejándonos de Rousseau. Para Locke, el “partido” que gana solo encarna un “momento” reversible del humor popular compuesto de millones de decisiones individuales. Sin embargo, y en contraste, para Rousseau, los individuos, al votar, tratan de interpretar lo que quiere la “voluntad general” y, si quedan ligados a la derrota es que se han equivocado y deben arrepentirse de inmediato, para que a través de su arrepentimiento se restablezca la unanimidad. De esta manera, si el voto según Locke es la manifestación de una mayoría circunstancial y reversible, el voto según Rousseau equivale a un plebiscito donde se pronuncia el pueblo como tal.
Reitero, al margen de simpatías personales, que no las tengo con Carrió, es como si le pidiésemos a la izquierda que hable bien del capitalismo solo, y simplemente, porque fue ampliamente derrotada en las elecciones. Todo lo contrario, hace a la democracia que sostengan sus banderas o su “supuesta” resistencia y será la gente la que el día de mañana les vuelva a otorgar una baja producción electoral o contrariamente, escuche esa voz y se vuelque hacia allí. De escuchar múltiples voces se trata y no de que las grandes mayorías se arroguen las verdades relativas y las transformen en absolutas porque, según Locke, la mayoría no es inamovible sino que es un momento “circunstancial” pasible de ser modificado.
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